Filosofía y Arte · Fotografía
28 días, fotos y relatos: la infancia en las calles de Luis Marval
En febrero de 2018, una consigna fotográfica diaria llevó a Luis Marval a recorrer Punto Fijo y otros lugares de Paraguaná, en Venezuela. El resultado fue un diario de encuentros donde el juego, el trabajo, la espera y la necesidad conviven en el espacio de la calle.

Una metra verde brilla sobre el asfalto. Alrededor aparecen manos, piernas y la sombra de quienes se han reunido para jugar. La cámara está tan cerca del suelo que el pequeño objeto ocupa el centro de la escena. En el relato que acompaña la fotografía, Luis Marval recuerda una conversación con una abuela que vigila a los niños desde la entrada de su casa. La calle sirve de lugar de encuentro, mientras los adultos intentan mantener un espacio seguro para ellos.
La imagen pertenece a 28 días, fotos y relatos: Los niños en las calles, un proyecto que comenzó durante el reto «28 días, 28 fotos» de la Academia de Fotografía Roberto Mata. Cada mañana, una palabra o una frase proponía un problema visual. Marval decidió mantener un hilo conductor: la infancia que encontraba en sus recorridos por Punto Fijo y Paraguaná, en el estado Falcón.
Ocho años después, ese trabajo se reúne en un fotolibro firmado por Luis Enrique Marval Coll, responsable de las fotografías, los textos, el diseño y la edición. La selección que presentamos permite recorrer algunas de esas escenas y entender cómo un ejercicio de observación se convirtió, según cuenta su autor, en una experiencia de cercanía y compromiso.
Una consigna cada mañana
Los títulos conservan el carácter inesperado del reto: Un pie de atleta, Un maniqueo, Un retrato hablado o Un horizonte caído. La distancia entre la consigna y lo que sucede delante de la cámara obliga a buscar asociaciones. A veces la respuesta está en un gesto; otras, en el punto desde el que se fotografía o en la conversación que surge después.
El primer día, Marval dirige la cámara hacia los pies de una joven que vende periódicos entre los vehículos. El relato relaciona la idea del atleta con el esfuerzo de ese trabajo cotidiano. En la fotografía, el asfalto ocupa buena parte del encuadre y los carros forman un pasillo alrededor de la figura. El título introduce una lectura que la imagen, por sí sola, no agotaría.

Esta relación entre fotografía y escritura sostiene el conjunto. Los relatos registran conversaciones, describen lo que ocurrió fuera de cuadro y muestran las vacilaciones del fotógrafo. La primera persona permite seguir tanto los encuentros como los límites de lo que llegó a conocer. El lector encuentra situaciones concretas, narradas desde la experiencia de quien estuvo allí.
El juego, la espera y la necesidad
El proyecto reúne experiencias distintas de la infancia. Hay niños que juegan cerca de sus casas, otros que acompañan a sus familiares y otros que trabajan o buscan alimento. Conviene mantener esas diferencias: una imagen tomada en la calle no permite concluir que quien aparece en ella carece de hogar.
En Un retrato hablado, el cielo ocupa gran parte de la fotografía y un grupo se reúne sobre una rampa de patinaje. El espacio abierto, los gestos y la altura de la cámara dan a la escena una energía diferente a la de otras páginas. El juego conserva un lugar propio dentro del diario, junto a episodios que hablan de precariedad o de dificultades para continuar los estudios.

En Un se me está haciendo tarde, la lluvia cambia el ritmo. Una figura pequeña camina junto a un muro, rodeada por el agua, la calzada y los vehículos. Marval escribe que desconocía su destino y se pregunta por su propia actuación ante la escena. Esa incertidumbre forma parte del testimonio: el texto no convierte la fotografía en una explicación completa de la vida de la persona retratada.

La forma también cuenta la historia
La proximidad al suelo aparece en varios momentos de la serie. En la fotografía de las metras, hace visible la textura del pavimento y coloca la mirada a la altura del juego. En el primer día, acentúa la relación entre los pasos y el tránsito. Son decisiones de encuadre que orientan nuestra atención hacia detalles que podrían pasar inadvertidos desde la mirada habitual del adulto.
La luz cumple otra función en Un maniqueo. El reflejo del sol sobre el agua contrasta con las figuras oscuras de la orilla y de una embarcación. El relato relaciona la consigna con la dificultad de dividir la experiencia entre el bien y el mal. La imagen ofrece tonos y distancias; el texto ensaya una interpretación a partir del encuentro.

La exposición conserva las proporciones de estas fotografías. Ver el encuadre completo permite atender a las relaciones entre los cuerpos y el lugar: cuánto espacio deja el autor alrededor de una figura, dónde sitúa el horizonte o qué elementos mantiene en los bordes.
Mirar a una persona, no solo una escena
En las páginas finales del libro, Marval precisa el alcance de su trabajo: se trata de un testimonio personal, no de un estudio que represente a todos los niños en situación de calle. También explica que algunos nombres y datos identificativos fueron modificados u omitidos para proteger la privacidad, y que las conversaciones y la aceptación de las fotografías dependieron de las circunstancias de cada encuentro.
Esa aclaración importa al acercarnos a las imágenes. Una fotografía puede despertar atención y empatía, pero no permite conocer por completo a alguien. La dignidad de las personas retratadas exige conservar el contexto y evitar que una escena de necesidad se convierta en una etiqueta que las defina para siempre.
Los relatos muestran asimismo cómo el fotógrafo deja de ser un observador distante. Hay encuentros que se repiten, conversaciones que continúan y pequeños intercambios que modifican la relación. Marval resume ese movimiento al reconocer que el proceso creativo lo llevó a comprometerse con las personas que iba conociendo.
El horizonte al final del recorrido
La última consigna del reto fue Un horizonte caído. La fotografía presenta un grupo a contraluz y un horizonte inclinado. El gesto de girar la cámara se relaciona en el relato con la búsqueda de apoyo y equilibrio. La frase con la que comienza, «Si se cae el horizonte, hacemos equilibrio», reúne la decisión visual y la experiencia humana que el autor ha ido contando.

Las veintiocho consignas terminaron, aunque el archivo incluye una fotografía adicional como epílogo. El libro conserva la secuencia de aquel mes y permite regresar a ella con la distancia del tiempo. En estas imágenes, la infancia aparece entre actividades ordinarias y circunstancias difíciles, con espacio para el juego, la imaginación y la relación con los demás. La fuerza del proyecto está en sostener la atención sobre esas vidas concretas y dejar constancia de los encuentros que hicieron posible cada fotografía.
Sobre esta exposición
Selección editorial de seis fotografías de 28 días, fotos y relatos: Los niños en las calles. Fotografías y relatos originales: © Luis Enrique Marval Coll. Serie realizada en febrero de 2018; fotolibro, primera edición de 2026. Texto de presentación y reportaje: Árbol Interior.
Fuentes: el fotolibro completo de 74 páginas y los materiales documentales del proyecto compartidos por su autor. Los títulos de las fotografías conservan los de la obra.